Los nueve puntos para saber que tu hijo tiene fuerza de voluntad

fuerza de voluntad niño

No todos logramos los mismos objetivos ni del mismo modo, ni al mismo tiempo, ni con la misma satisfacción. Eso obliga a los padres a tener en cuenta que, antes de la exigencia, hemos de mostrar siempre paciencia y constancia.

La voluntad es una fuerza operativa que se pone en marcha y nos hace actuar, cuando la inteligencia nos propone algo como bueno y conveniente. Por eso los hijos han de conocer todas las cosas que son buenas y cuáles son las que les conviene acometer. 

Los seres humanos solemos tener voluntad para aquellas cosas que nos sentimos capaces de hacer; porque sabemos que nos saldrán bien, porque las deseamos o porque nos gustan. Y poca voluntad para hacer las cosas que no nos gustan, que nos suelen salir mal o desconocemos.

Por eso es muy importante mostrarle a nuestros hijos de cuántas cosas son capaces, las que les harán sentir satisfechos y de demostrarles muchas más cosas de las que ellos creen o piensan. Al igual que es crucial que sepan distinguir entre lo que les gusta y lo que les conviene, evaluando las ventajas y desventajas de cada opción. 

Es beneficioso que nuestros hijos se planteen ese debate interior varias veces al día, porque así ejercitarán la capacidad de elección que se desprende de su libertad y se irán acostumbrando a elegir, aunque a veces se equivoquen.

En consecuencia, educamos la voluntad de los hijos cuando les ayudamos a desarrollar destrezas y capacidades para actuar bien, cuando les enseñamos a luchar por adquirir virtudes y valores y cuando les exigimos que mejoren su comportamiento. Un hijo estará preparado para hacer un uso correcto de su fuerza de voluntad si conseguimos que haya adquirido estas nueve ideas y sentimientos:

  • Soy capaz de hacer bien las cosas
  • Me siento con la capacidad necesaria para decidir
  • Reconozco que lo he hecho bien
  • Reconozco que lo he hecho mal
  • Sé corregir lo que he hecho mal
  • Se pedir consejos
  • Tengo confianza en mis posibilidades
  • Me siento bien con el trabajo hecho
  • Descubrí la satisfacción de ser útil para los demás

¿Cómo podemos materializar la educación de su voluntad? ¿Qué actividades y objetivos tenemos que trazarnos para que alcancen sus logros?

En esta etapa de las “primeras decisiones” es importante distinguir las tres fases que nosotros proponemos para educar su voluntad: Adquirir capacidades, saber elegir y saber lograr.

En primer lugar, nuestros hijos deben tener desarrolladas muchas capacidades y facultades para que se sientan capaces de decidir sobre lo que pueden hacer o no hacer. En segundo lugar, deberán haber aprendido a deliberar y, sobre todo, a tomar pequeñas decisiones en pequeñas situaciones y cosas de cada día, y, en tercer lugar, deberán tener el hábito y costumbre de soportar contrariedades.

Es difícil tener voluntad para algo cuando uno no sabe dominar sus impulsos o no es capaz de enfrentarse a determinadas carencias.

Los deportes, el arte o la música, etc. ayudan al fortalecimiento de la voluntad, puesto que generan tesón, constancia, esfuerzo, afán de superación y otras virtudes propias de la autoexigencia. 

Ser titular de un equipo de fútbol o triunfar como violinista en un concierto supone un esfuerzo que beneficia a toda la persona, y es bueno que nuestros hijos de 8 a 10 años hayan aprendido a ser sacrificados y se hayan acostumbrado a vencer las dificultades.

El conocimiento propio de las posibilidades y aptitudes que cada hijo haya ido adquiriendo serán fundamento importante a la hora de tomar sus propias decisiones. 

Finalmente, tener fuerza de voluntad, o sea, ir adquiriendo una voluntad ágil, supone tener porqués, motivos, ilusiones e ideales que nos lleven al aprendizaje en el hacer y, sobre todo, en el resistir.  Cuando los hijos lleguen a la adolescencia, si tienen su fuerza de voluntad suficientemente forjada podrán vencer en muchos de los conflictos y de las dificultades que les saldrán al paso.

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