¿Qué sucede cuando nuestro hijo cumple seis años?

niña 6 años

Los niños que entran a su segunda infancia empiezan a utilizar su capacidad de razonar, entendiendo y adentrándose de forma más activa en el mundo de los adultos. La comprensión de un niño de seis años de señales, símbolos y textos aumenta.

Suena cliché cuando escuchamos que los niños crecen muy rápido, en un abrir y cerrar de ojos. Pero solo se toma comprensión de este hecho cuando los que ayer eran nuestros bebés ahora cumplen seis años y afrontan sus primeros compromisos sociales y culturales. En esta etapa de sus “Primeras Letras” el niño necesita un apoyo afectivo más racional que en la etapa anterior y menos fisiológico (caricias, besos, etc.), algo más verbal y entusiasta.

Adicionalmente, en esta edad es muy importante presentar al niño un “patrimonio familiar” rico en valores, principios vitales, cosas nobles, buenos comportamientos, costumbres y hábitos saludables.

¿Pero qué sucede en el cuerpo y mente de nuestros hijos a la edad de seis años?

En primer lugar, desde el aspecto fisiológico es importante estar preparado para cambios importantes como la caída de sus dientes de leche, su susceptibilidad a enfermedades infecciosas (oído, garganta y nariz), cambios evolutivos de visión y el sistema neuromotor. Algo que debe ser tratado con mucha importancia pues su creciente uso de la razón les permite estar conscientes de estos cambios ya que empieza a interiorizar y entender lo que lee, gracias a la experiencia adquirida en la propia lectura.

Ante una emoción fuerte el niño de seis años reacciona con todo su cuerpo; no se limita a sonreír, podría decirse que baila de alegría o de tristeza. Incluso mientras duerme todo su organismo toma parte en sus sueños, de ahí el trágico despertar de sus pesadillas, que alcanzan la cumbre a esta edad

Ahora respecto a la parte mental y psicológica, se va desprendiendo de aquellos rasgos de docilidad que tenía a los cinco. Antes era un niño bien organizado, cómodo en su entorno y en su mundo interior. Pero ya a los cinco y medio comienzan a ser más impetuosos, y los chicos más combativos en algunos aspectos de su conducta.

Durante el día cambia de estados de ánimo con suma facilidad. Ahora se muestra algo más vacilante, perezoso o indeciso, y también explosivo, con arranques extrañamente contradictorios de afecto y antagonismo. Esto se debe a que no ha hecho aún una distinción clara entre lo bueno y lo malo.

Sin embargo, algunas tensiones son normales, innatas al desarrollo mismo del niño. Aunque parezca paradójico, la bipolaridad de la personalidad del niño hace fácil unas transiciones psicológicas que, quizás, resultarían más difíciles a otra edad.

Y finalmente en su faceta relacional, vive entre dos mundos, la escuela y su casa. En ambas va descubriendo cosas nuevas, y de las cuales no siempre puede desplazarse con facilidad entre sí.

Le resulta más fácil jugar con un compañero que con dos. En su juego abunda el sentido de la reciprocidad, de “esto por aquello”.

Se pueden producir dificultades si el maestro o la profesora posee una personalidad excesivamente triste y seria, o si los métodos de instrucción son desmedidamente rígidos y conceden importancia excesiva a la eficiencia académica, a las cualidades competitivas y a las calificaciones. En estos casos, la salud mental del niño paga un enorme tributo.

Entre uno de nuestros consejos, se recomienda que es una buena edad para entrar en el mundo de las dramatizaciones, ya que instintivamente el niño se identifica con todo lo de su alrededor. Percibe muchas cosas, más de las que en realidad puede manejar. A veces intenta hacer cosas demasiado difíciles para él. Quiere ser el primero, quiere ganar siempre. Lo que más ansía es cariño y atención.

No obstante empieza a aprender que debe tener consideración hacia los demás. Va comprendiendo que todo el mundo comete errores, papá, mamá, e incluso él mismo. Finalmente es crucial que cada padre se pregunte cómo es su hijo en particular, para conocerle mejor e ir encauzando las manifestaciones de su personalidad; con su carácter y su temperamento.

 

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